El Oporto

 
 

Es la denominación de origen más antigua que existe. Nació hacia el siglo XVIII gracias al esfuerzo y la visión del primer ministro portugués, a la sazón marqués de Pombal. En el año 1757 para evitar el fraude e incrementar el negocio, Pombal delimitó los mejores terrenos, cuidó de que los vinos destinados a exportaciones fuesen los de mayor calidad, reguló la producción, el transporte y la cata de los vinos que se comercializarían.

 

Las tierras fértiles que baña el Douro (Duero), un puerto de primera magnitud como es Oporto, y la perspicacia británica, llevaron este vino a todos los rincones del mundo. El rio Duero es una savia que alimenta multitud de denominaciones. Primero Ribera del Duero, luego Rueda, Toro, antes de salir de España baña las viñas zamoranas de Fermoselle -Las Arribes. Ya en Portugal pasa por una zona de vinos tranquilos, luego los generosos de Oporto para terminar descubriendo los deliciosos ‘vinhos verdes’.

 

El jerez es un vino hecho a medida de los británicos. No en vano, fueron ellos quienes impulsaron y sistematizaron su comercio. Se establecieron en Oporto y las empresas de capital extranjero controlaban la producción y envejecimiento de estas joyas enológicas.
El vino de Douro que se embotellaba a comienzos del XVIII no tiene nada que ver con el actual.

 

El de entonces era recio, aromático y seco. Para que el vino llegase a Inglaterra en buenas condiciones, los bodegueros le añadían aguardiente de vino. Esta costumbre se extendió al proceso de vinificación. La incorporación del aguardiente detenía la fermentación natural. El resultado era un vino menos ácido, más delicado y con un potencial aromático indescriptible. Había nacido el genuino Oporto. Esta peculiaridad, esta robustez vínica la permite soportar indemne décadas en la oscuridad de las bodegas.

 

Hay muchas clases de Oporto. Es prolífico igual que el Jerez y su familia abundante. En cuanto al Oporto, produce una gama de blancos y tintos diversa. Destacan las menciones Vintage (El rey de los oportos), Tawny, LBV (Late Bottle Vintage), Ruby o Rusted. Todos apelativos anglosajones en función del tipo de crianza.
Comenzaremos por el Vintage, la joya de la corona, nunca mejor dicho. Se elabora con una cosecha de uva excepcional.

 

El futuro vintage fermenta dos años en grandes depósitos de madera. Posteriormente puede envejecer en botella una década o dos décadas.

 

La razón de tan dilatado reposo radica en la necesidad de que el alcohol del aguardiente se integre totalmente con el resto de elementos. Son los ejemplares de Oporto más caros y obviamente los más apreciados en el mercado.

 

El Late Bottled Vintage fue inventado por la Casa Taylor. Fueron lanzados en la década de los setenta como medio para abaratar el precio y hacer más accesible el prestigioso vintage, reduciendo su crianza. Se embotellan durante cuatro o seis años. El Colheita son vinos ‘tawny’ madurados siete años con la salvedad de que deben ser consumidos durante el año tras su embotellado.

 

El Ruby es otra clase de oporto, el más básico y barato. Estos vinos maduran un mínimo de tres años. Son fruto de combinar vinos de cosechas jóvenes. El Tawny son caldos envejecidos en roble durante 3 ó 5 años.
A diferencia del Ruby el coupage varietal está compuesto por vinos más ligeros. Su color es algo marrón. Cabe diferenciar también los tawny de 10, 20, 30 o 40 años más. Por último, el Istituto do Vinho de Porto (IVP) también distingue el Vintage Character y el Oporto Blanco.

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