El Lambrusco


 

El Lambrusco es un vino originario de la región de Módena al norte de Italia y constituye el caldo espumoso más conocido y reconocido de Italia. La tradición reza que los vinos espumosos de Italia nacieron de la necesidad de incrementar el grado de alcohol que proporcionaban las uvas ‘Campiña’ de la Champaña francesa. El Lambrusco procede de la cepa tinta que lleva el mismo nombre y sufre una doble fermentación según el estilo ‘champanoise’ que le permite exhibir las características burbujas que lo convierten en ‘espumoso’.

Es un vino ligero, simpático y refrescante que, sin embargo, aún tiene un camino por delante si quiere equipararse a sus hermanos mayores, los cavas españoles o champagnes franceses. Pese a que en Italia está poco desarrollada la cultura de la denominación de origen que protege ante el fraude, los Lambrusco se enmarcan bajo la DOC (Denominazione de Origine Controllata), una “muy italiana exageración de la denominación de origen”, anota Ángel Amable.

 

Cada año se producen en la región de Módena alrededor de 15 millones de botellas que se exportan a todos los rincones del mundo.
Dentro del Lambrusco hemos de subrayar la variedad de Sorbara que utiliza la uva homónima, una variedad local de la Emilia (Módena). De producción escasa, y a veces, ínfima, proporciona eso sí, la calidad necesaria para conseguir un vino digno de codearse con los mejores espumosos.

 

Dentro de ellos debemos distinguir dos variedades de Lambrusco. El de ‘Sorbara’ en cuyo coupage varietal interviene la uva autóctona que representa más de un 60 por ciento, y el Lambrusco ‘Salamino’ cuando la uva ‘Sorbara’ no supera el 40 por ciento. El tercero en discordia es el Lambrusco de Castelvetro, posiblemente el de mejor cuerpo e intensidad.

Si nos ceñimos al ‘Tinto espumante’ Lambrusco, presenta en copa un color rojo rubí que oscila al granate. Su espuma es vivaz y “evanescente”. De similar acidez al rosado resulta, eso sí, algo menos seco. Si analizamos sus aromas, destila perfumes que recuerdan a flores como la violeta. En boca descubrimos un caldo seco, dulce, muy versátil, y fresco. Normalmente es un vino joven, del año que precisa ser descorchado antes de que pierda su ingenuidad y simpatía.

 

El Lambrusco es ideal para maridar con la cocina de Modena. En palabras de los propios italianos, la de Módena es una cibaria "opulenta, fastuosa y capaz de evocar todavía sensaciones de tiempos perdidos" Cabe destacar los 'tortellini en caldo concentrado, las pastas rellenas y los macarrones 'al pettine'. Combina con otros platos como el cocido 'zampone' (solomillo de cerdo embutido) o el 'cotechino' (embuchado de carne de cerdo. En cuanto a postres, casa perfectamente con el rústico 'bensone' o el 'amaretti' (elaborado a base de almendras dulces y amargas).

El Lambrusco y el maridaje

Se adapta como ningún otro vino a la cocina italiana aunque sea la cibaria de Módena su mejor compañera por aquello de compartir cuna y nacimiento. También se le considera como el mejor acompañante del Parmesano Reggiano (queso local)Por esta razón, los gastrónomos no dudan en llamarlo ‘rey de los quesos’.

Constituye por otra lado una buena elección si se decide combinar con entremeses italianos como el jamón o la mortadela. Inmersos ya en los primeros platos no vacilaremos en degustarlo junto a los 'tortellini' o cualquier pasta rellena.

Con todo, su mejor aportación tiene lugar cuando la pizza, horneada y recién hecha, llega a nuestra mesa. En ese momento se convierte en añadidura esencial para el plato más famoso de Italia. Quizás sea ésta una de las razones que le han llevado al éxito comercial. ¿Quien pierde oportunidad de probar una exquisita pizza cuatro quesos, o 'quatro stagioni' combinada con alcachofas, salami, setas y jamón.

En suma el Lambrusco de Sorbara, por sus propias características es un vino suave, ligero y vivo, constituye un adalid para degustar platos de pasta, sobre todo rellenas y algunas recetas de carne.