Ante todo, debemos proteger la botella del sol o luz intensa, conseguir temperaturas entre la horquilla de los diez y 20 ºC, evitar cambios bruscos de temperatura y mantener una humedad constante del 70 por ciento. Estas son, de forma sucinta, las claves indispensables que han de guiar nuestra pequeña colección de vinos particular.
La Navidad es la época del año que más vino se consume en el hogar y el periodo más sujeto a su consumo. Los canales son muy heterogéneos y motivados por razones diversas. Quizás nos interese adquirir un buen Reserva para maridar el Asado, o preservar un interesante crianza descubierto en la cesta de Navidad, y es posible que, para que capear con éxito las posibles visitas, nos llevemos del hipermercado varios ejemplares interesantes que nos han recomendado amigos o que han obtenido una alta puntuación en alguna revista especializada.
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Nuestro piso no es el lugar ideal para iniciar una discreta bodega dada la escasa idoneidad de un inmueble como éste. Los trasteros y garajes tampoco son candidatos fiables. Al final, se impone la lógica y la circunstancia reduce esta posibilidad a quienes disponen de una casa en el campo. Una vez allí hemos de confiar en que la vivienda disponga de sótano o cuenta con alguna cavidad natural (algo más difícil).
Debemos escoger aquella habitación orientada al norte por ser el lugar menos influido por los cambios de temperatura. Llegados a este punto habilitaremos una pequeña habitación. El suelo de tierra ha de presentar buenas condiciones de humedad. Se recomienda que oscile entre un 65 a un 80 por ciento. Si el ambiente fuese demasiado seco los expertos aconsejan instalar recipientes de agua o en su defecto si el presupuesto es lo suficientemente amplio un humidificador.
Vigilar los excesos de temperatura, luz, vibraciones y
olores, constituyen los métodos más eficaces para combatir
a los grandes enemigos de nuestra incipiente bodega |
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Una vez elegida la ubicación, debemos preservar la oscuridad del recinto iluminándolo únicamente con una bombilla. Hemos de evitar almacenar disolventes, detergentes o cualquier elemento que desprenda olores fuertes y permanentes.
Por si esto fuera poco, la nueva ubicación de nuestros caldos debe estar aislada de cualquier vibraciones. En caso contrario, sufrirían la denominada ‘fatiga del vino’.
Tal como decíamos, la temperatura es otro de los caballos de batalla con los que tenemos que lidiar. Y decimos esto porque una repunte brusco llevaría a un envejecimiento prematuro y una coloración artificial del vino. Por el contrario, un ambiente demasiado frío sería caldo de cultivo para depósitos tártricos. En resumen, los cambios drásticos son un feroz enemigo.
La humedad debe ser superior al 65 por ciento. La razón es evitar que el corcho se deteriore por la sequedad. En el caso de que fuera excesiva corre el riesgo de producir moho y todo tipo de bacterias.
La habitación donde se apilen las botellas debe estar bien ventilada a fin de garantizar que todas en todas las zonas la temperatura sea homogénea.
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