El Brandy

 
 

Las raíces del brandy se remontan a la época árabe, una cultura que abordó por primera vez su destilación en tierras de la península.
Durante el siglo XVI ya se observa una incipiente industria en la zona de Jerez. Su difusión y la creciente exportación a países del Norte de Europa permite introducir mejoras en los procesos de destilación. El proceso de popularización y crecimiento de los brandies es continuo a lo largo del tiempo. Durante el siglo XIX se levantan las primeras soleras de brandy en Jerez.

 

Carlos Delgado define el brandy de forma escueta al decir que es “aguardiente, tipo coñac, y por extensión, todo destilado de fruta”. Se caracteriza por ser una bebida de las denominadas ‘espirituosas’ procedente de la destilación del vino y envejecida en barricas de roble. A diferencia del whisky, el vodka, o el ron cuyos destilados se basan en frutos como la cebada, la remolacha, la patata o la caña de azúcar respectivamente, el origen del brandy se encuentra en la uva, concretamente las variedades Airén y Palomino. Dicho rasgo de nobleza lo sitúa indiscutiblemente por encima de ellos. La primera aporta consistencia y frescura mientras la segunda introduce una extensa gama de matices secos, salinos y reminiscencias a frutos secos.

 

Destilación
El sistema tradicional de elaboración prescribe la utilización de las denominadas ‘alquitaras’ (alambiques de cobre y fuego directo). Con este sistema se obtienen aguardientes de baja graduación (holandas). En segundo lugar, existen las llamadas ‘columnas’, que facilitan la destilación continua.
El líquido procedente del primer y último destilado se desecha haciendo acopio de las holandas de la parte central del proceso (corazón). Según los expertos, los análisis químicos, y cualitativos no bastan para determinar la calidad de un licor destilado.

 

El proceso de envejecimiento adopta un carácter dinámico dado que se desarrolla a partir de trasvases continuos (criaderas y soleras). Las botas se ordenan según escalas de antigüedad. De este modo, la solera constituiría la cúspide de la escala. En segundo lugar se situaría la primera criadera, le seguiría la tercera criadera, y así sucesivamente. De cada vasija de solera se extrae no más de un tercio de brandy que a continuación es embotellado (saca). El contenido de esa bota se completa con brandy de la primera criadera, y el vacío dejado en ésta por licor de la segunda. El proceso continuaría hasta la criadera inferior.