El Azúcar
 
 
 

La llegada del azúcar no tiene lugar hasta bien entrada la Edad Media como resultado de la exploración y descubrimiento de nuevas tierras.
Las primeras noticias de su existencia se remontan al año 4.500 a.C. Pero no será hasta el 510 a.C. cuando se conozca su verdadero valor. Las huestes del emperador Darío a su regreso a Persia relatan al monarca el hallazgo de una “caña que da miel sin necesidad de abejas”.
Poco después, las conquistas de Alejandro Magno facilitaron su salto a Europa. De los griegos pasa a manos de la cultura romana que la denominará ‘sal de la India’.

 

Sin embargo, su definitiva popularización se produce tras las invasiones árabes de Mesopotamia. Amantes de los sabores dulce, comienzan a cultivar la caña de azúcar en las nuevas provincias de Siria, Egipto, y todo el norte de África. Las posteriores cruzadas ponen la planta al alcance de los caballeros cristianos que rápidamente la exportan al viejo continente.
En España aparece como un producto más del herbolario médico de los boticarios que la emplean para elaborar gran cantidad de remedios.

 

El descubrimiento de América constituye un punto de inflexión. Su cultivo a gran escala en las plantaciones de Santo Domingo, Cuba y México hacen del azúcar un producto de primera necesidad tanto como el café, el chocolate o la sal.
En el año 1705, las investigaciones del químico francés Olivier Serrés, permiten extraer azúcar de la remolacha.

 

En poco tiempo, surgen en Alemania las primeras factorías dedicadas a la extracción del preciada sustancia. Napoleón Bonaparte jugará un papel clave en la difusión de su cultivo tras impulsar la construcción de azucareras en todo el país. Pronto este modelo es seguido por el resto de naciones europeas.

 

Según Carlos Delgado, el azúcar es “una sustancia sólida y soluble, dulce, obtenida de la caña del mismo nombre o de la remolacha y otros vegetales”.
En opinión del Iedar (Instituto de Estudios Documentales del Azúcar) la dieta equilibrada pasa necesariamente por el consumo de entre un “55 y un 60 por ciento de hidratos de carbono del total de calorías”. De esta cantidad, entre el 10-20 por ciento tiene su origen en el los monosacáridos (glucosa, fructosa y lactosa) y disacáridos (como la sacarosa -azúcar. Esta sustancia proporciona un alto valor energético y sin embargo sólo unas cuatro calorías por gramo.

 

Según su proceso de producción, el azúcar puede presentar colores y formas muy diversas. A modo de resumen, existen dos variedades muy conocidas, el azúcar blanco y moreno. El primero es sacarosa al 99,8 por ciento y sufre un tratamiento de refinado mientras el segundo no, lo cual le hace ser menos soluble. Sin embargo, a su favor cuenta una gran riqueza en calcio, magnesio, potasio y otros minerales.